Mis palabras creen llamarse "lágrimas" y el pronunciar su nombre se confunde con un gemido; mi corazón y mi boca al unisono.
Ahora todos mis caminos son largos y tediosos, son anchos, llenos de gente que mira mis ojos cansados tomándolos por desinteresados. La misma rutina, no habremos de hacernos los testarudos: Camino a la calle tan sucia, recorro la misma enfrentando al viento con esa expresión tan mía de rencor hacia el pasado, ruego al viento por que venga a besar mis cabellos y juegue a hacerles el amor mientras mi transporte predilecto se avecina a mi. Sentarse en la ventana y pretender ver el todo admirando la nada, pensando en Horacio... tan mío, tan mío.
Es esa tristeza que tengo tan amarrada a mi. Pero esta es como todo buen desamor; presumo de mi interés por dejarle atrás cuando en realidad temo soltarla y que se olvide de mi. Si no tengo tristeza habré de quedarme tan vacía como el blanco, tan absoluta como el negro y tan aborrecida como el gris. Vuelves tan mío, tan de ella, tan mío sobre ella pero tan de ella sobre mi.