...Hay cosas que ignorar, como los chupetones que le encuentras a la persona con la que duermes pero que no has hecho tú. Todos tenemos pasajes oscuros. La verdad es que aún no soy tan vieja como para andarme en el existencialismo. Tengo una vida: Como, bebo, fumo, no me gusta el sexo anal, odio a la mitad de las personas, cosas de siempre. Soy un humano normal, pero mis relaciones sentimentales... estúpidas hijas de puta. Cualquera puede urgar una biblioteca commpleta y no encontrar registros de nadie con tan mala suerte. Soy el ejemplo práctico para explicar la ley de cargas. Cambaría mi nombre a "Imán", llamaría "Limadura de hierro" a cualquier hombre con problemas sentmentales.Es inútil cualquier preba, científica o no. Por más difícil que le sea a los hombres creer esto, hay diversos tipos de mujeres y las de mi especie estamos destinadas al fracaso aunque sepamos sobre Sylvia Plath.
Detesto visitar la casa de campo que Martín tiene. Tan fresca como siempre, no lo soporto. Entro al vestíbulo y lo primero que me encuentro es a su blanca novia de senos amorfos. Tiene un nombre digno del albur mexicano, qué patriotas somos con generaciones nombradas en ruso. Tal vez no es que la odie por ser quien es, siempre que la veo me recuerda a Martín invitandome al cine, tan amable conmigo como nadie ha sido, pero en manos de su enfermedad llamada Celos. Es el hombre con el mejor aroma. Me gustaba que subiera a mi auto y pusiera canciones que no me gustaban tanto, se esforzaba un poco. Llegué a pensar que le atraía, después llegaron aquellos pechos. Recordar la historia es en vano. Bueno, no es que a él le gustaran las mismas películas que a mí pero nuestras ideas se acercaban. Incluso su manera de vestir. De verdad que estoy destinada al fracaso.
- Hola, Natasha.
- Ah... qué tal.
- ¡Agata!
- Hola, Martín. ¿Cómo has estado?
- Voy con Estefani, te espero con ella.
- No te vayas, Nati....
- Creo que no le caigo tan bien.
- Nadie le cae bien. Ayer le hablé sobre mi papá, no dijo nada. Solo sonrío. Me equivoqué. Sí dijo algo, que se le antojaba la comida China.
- Alomejor no supo qué decir.
- Tal vez, pero se trata de ella. Le confié mi mayor secreto y a ella parece que le da igual mientras que a mí me come. Creo que me até a ella contandole todo lo que le conté. Es como un compromiso, no se.
...
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