Noche tras noche, ante la luz blanca, se me notan más las venas en las manos. Se me va la vida en vano. O tal vez no. Lo que me importa es la tonalidad exacta del cabello de Emiliano, es café.
Café Emiliano. No habrá otro color igual.
No le importa si soy gorda, la ropa que uso o si estoy malgastando mi tiempo. Ni a mí me importa.
Entonces todo se detiene, los relojes paran sus manecillas, los autos no pitan, el viento es espeso: "Eres una princesa"
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