no hay luna ni estrellas,
sólo estamos tú, yo y la lluvia.
Hay otros días que se corren solos,
como si tuvieran manos.
Se vienen y se preguntan:
¿Por qué estás acostándote sólo?
No hay descanso ni palabras.
Sostengo en la cara unos ojos pesados
que no dejan de preguntarse
¿Por qué no has regresado?
Ya no lloro, tampoco leo cartas.
Busco en los libros citas para encontrarte.
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